26 de octubre de 2021

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Marcamos la diferencia

VERIFICADA ✅ Huir de Marruecos con 16 años para vivir libremente su identidad sexual

ROGER GUARCH – BARCELONA

Descubrimos la triste y dura historia de Ayman, un adolescente transexual de 16 años que ha tenido que huir de su tierra, Marruecos, y de su familia, para poder vivir su sexualidad libremente. Nos cuenta el rechazo que vive por parte de su familia y que viía en su país y como vive ahora, donde dice por fin «ser libre».

[DESCUBRE SU TESTIGO EN EL VÍDEO DEL FINAL DE ÉSTA INFORMACIÓN].

Si decimos que Ayman El Yassini jugaba a fútbol con sus compañeros del barrio, estudiaba, iba al gimnasio…nos vienea la mente un adolescente convencional con una infancia y adolescencia feliz. Nació hace 19 años en Nador, una ciudad costera de Marruecos, a 15Km de Melilla. Con 16 años su padre le impidó seguir la vida que llevaba. Le prohibió salir con amigos, ir al colegio, vestirse con ropa de chico…le truncó su vida. Tenía que quedarse en casa ayudando a su madre. Para la familia era considerado una «vergüenza» por su condición sexual.

«Desde pequeño sentía que tenía que nacer niño. Pero en ese momento no te comes tanto la cabeza, no te lo planteas. Es diferente cuando vas creciendo, te crecen los pechos, y te viene la regla», explica el Ayman desde Girona, donde vive con su pareja, gerundense. «

Ayman recuerda el calvario que vivió en su país, donde la homosexualidad, transexualidad, etc. se siguen considerando tristemente delito a día de hoy. Explica que quería sentirse libre, poder andar por la calle sin que le innsultasen, hablasen de él, poderse cortar el pelo y dejarselo corto y nos muetra la impotencia que sentía de no poder hacer nada.

A Ayman solo le quedaba un camino para poder ser definitivamente libre. Irse lejos de casa, en una tierra donde pudiese vivir su sexualidad libremente sin ser cuestionado, juzgado, insultado, etc. Después de una etapa oscura en Bélgica y de huir debajo de un camión, Aymán llegó a Vilanova i la Geltrú gracias a un visado conseguido por su madre.

Su madre, quién siempre ha intentado aceptar a su hijo tral y como es, escondió el viaje a su padre. Le dijo que iba a ver a un familiar. Su padre lejos de enfadarse se quitó un peso de encima «Para que la gente hablaba de mí, ‘que si era como un chico’, ‘que qué vergüenza’, le decían los amigos de mi padre cuando iba al bar. Ahora no hablan de mí» – explica Ayman.

A riesgo de ser deportado, se presentó a la Policía Local, desde donde acabó en un centro de acogida de Girona. En su planta se encontró chicas entre 16 y 18 años, aunque con una historia completamente diferente: «Mi historia era completamente diferente de la de los chicos del centro y también de la de las otras chicas. La mayoría vinieron aquí porque las hacían casar» – cuenta Ayman. La legislación actual contempla el asilo por identridad geénero, también en menores.


La luz al final del túnel para Ayman: INICIO DEL TRATAMIENTO

Ahora, con 19 años, viviendo con su pareja de forma autónoma, Ayman ha empezado por fin el tratamiento hormonal que debe completar el tránsito para que se sienta libre del todo. Ha dejado atrás el nombre que le pudierobn sus padres, y con la ayuda de su pareja ha descubierto un mundo que no conocía.

Yo no sabía que era un chico transgénero. Yo le decía a mi pareja que pienso y siento como los chicos. Tenía una disforia tan grande que tenía que decir. Me escuchó, buscamos vídeos e información, y encontramos mucha más gente como yo.

Ahora, tras haber empezado el tratamiento, está empezando a ver cambios en su cuerpo, y espera con impaciencia poder completar el tránsito que tanto ansia «Es importante hablar de ello para ayudar a otros. Aquí en España hay más información que en Marruecos, pero todavía está todo muy escondido» – explica Ayman.

Lo único que entristece a Ayman es el hecho de ver que su familia nunca aceptará su tránsito. Incluso se le ponen los ojos llorosos cuando se da cuenta que, su madre, será incapaz de entender esos cambios y de verle como lo que es: «Veo lo que siempre veía dentro de mí. Pero lo que más me preocupa es mi familia, mis padres, porque no lo aceptarán» – cuenta Ayman.


¿Cómo le ve su madre?

En éste reportaje descubrimos la madre de Ayman. Vemos que la mujer sigue tratando a su hijo como una chica y a que a pesar de intentar esforzarse por entender lo que pasa es incapaz. Confirma la tristeza que siente de: «que parte de su sangre se vaya a otro país su hija puede estar mejor. La gente la ayuda y es mejor que en Marruecos, no le pueden hacer tanto daño«.

Éste pequeño intento de comprensión se esfuma en el momento que ella misma explica que quiere llevar a Ayman a un médico de Marruecos para que vuelva a ser chica. Lo que también nos lleva a ver el calvario que ha vivido el chico en el pasado.


La hermana de Ayman se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de su nueva vida, a Hajar le costó mucho aceptar el tráfico de su hermano pequeño, pero ahora empieza a entenderlo, y constata que «no encajaba en Marruecos«. «Ojalá hubiera nacido ya como un chico, y haber evitado los problemas que tenemos ahora. Siempre ha pensado como un chico, también el físico«. Hajar constata la aceptación de su hermano con unas palabras dirigidas a Ayman «Está muy bien porque así puedes ver lo que eres de verdad y lo que siempre has sido«.


Marruecos, un país que castiga «la diferencia»

Ayman retrata a un país que a día de hoy sigue castigando «la diferencia». También que sigue tolerando que aquello que no encaja en la sociedad pueda ser castigado públicamente con total impunidad. «Si la sociedad se da cuenta que eres más masculino o más femenino, o si eres gay o lesbiana, te pueden pegar, violar o matar. Y si lo vas a denunciar a la policía, también te pegarán y te insultan y te llevarán a la cárcel» – nos explica.

Esta represión institucional de la que nos habla Ayman, la constata Amnistía Internacional, mediante supervivientes de ataques homófobos o transfóbicos en Marruecos que aseguran tener miedo de denunciar las agresiones a la policía por el riesgo que supone que los detengan.

Una detención «amparada» por el artículo 489 del Código Penal marroquí, la misma ley que contempla condenas de hasta tres años de prisión por mantener relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.